De hacker adolescente a multimillonario agente de la CIA

Cómo un hacker adolescente sentenciado a 45 años de prisión se convirtió en agente de la CIA… y luego en un multimillonario.


James Kosta

Para el desarrollador de software James Kosta, la vida le ha jugado virtualmente como en un videojuego, con un nuevo personaje en cada nivel.

De tener padres divorciados a ser un hacker, de criminal convicto a analista de la Inteligencia de la Marina, de agente de la CIA a multimillonario – este personaje de 37 años de edad si que sabe como actuar.

A la edad de 13 años ganaba 1,500 dólares al mes como consultor en información tecnológica. Incluso logro persuadir a su escuela para permitirle “formalizar el club de computación” y manejar su negocio desde allí.

Con una novia de 18 años, los bolsillos llenos de efectivo y una buena cantidad de amigos, Kosta comenzó a faltar a la escuela y a quedarse fuera de casa por las noches.

Fue entonces cuando sus padres le dieron un ultimatum: si quería seguir viviendo bajo su techo debía dejar el negocio y enfocarse en la escuela.

“Fui a una corte y le demostré a un juez que era lo suficientemente responsable para mantenerme de forma independiente,” comentó a la revista Huffington Post.

Solo y con nadie controlando sus acciones, convirtió su afición por las computadoras en un hacking de bajo nivel.

Pero sus actividades en solitario llamaron la atención del mundo criminal de la web y poco a poco fue recluido en una red colectiva de hackers criminales.

Él y sus cómplices empezaron a hackear sitios militares y de grandes empresas, incluyendo los sistemas de grandes bancos, General Electric e IMB. Para este adolescente de 14 años nada estaba fuera de los límites.

Una mañana muy temprano tocaron su puerta. Desnudo y con la vista aún no clara, Kosta abrió y fue puesto contra el suelo por un escuadrón del FBI armado con semi-automáticas MP-5.

“Estaba aterrado. Cuando tienes esa edad, tus padres siempre te dan advertencias, así que esperas que alguien te diga, hey, no abras. Nunca esperé una acción como esa.”

Y debido a que estaba divorciado de sus padres, oficialmente era un adulto de 14 años de edad.

Fue encontrado culpable de 45 cargos de robo técnico y sentenciado a 45 años de cárcel.

Pero dice que el juez vio una chispa dentro del problemático y descuidado niño y decidió darle un chance de expiación.

Luego de un año en prisión juvenil, su sentencia fue suspendida y le ofrecieron un puesto en el ejército con la condición de que no volvería a cometer otro crimen.

“Para mi, eso era una obviedad. Sabía que si iba a la máxima seguridad para jóvenes, un tipo como yo probablemente no tendría una buena experiencia.”

Tan pronto como fuese elegible, se incorporó a la Marina y fue posicionado en la división de inteligencia, responsable de rastrear el dinero entre los jefes de la guerra y los jeques radicales en África del Norte y Oriente Medio.

Desde allí fue reclutado en “pruebas de penetración en instalaciones militares”, en algunas de las primeras etapas de la guerra tecnológica.

hackerman

Sin embargo, a finales de 1990, Kosta comenzó a darse cuenta de que quería hacer más de su vida que apuntalar el establecimiento e inició uno de los primeros sitios web comerciales centrados en los mercados financieros con su hermano. En 1999 lo vendieron por decenas de millones de dólares.

Pero la caída del dólar del gobierno lo trajo abajo luego del 9/11 y diseñó un videojuego de simulación militar para imitar a ‘Las Vegas siendo golpeada por una bomba sucia y cómo los rescatistas podían bloquear la ciudad.’

Él se divirtió mucho con el juego de simulación, basado en un motor de juego de la compañía que desarrolló Ghost Recon de Tom Clancy, que decidió enfocar todos sus poderes en hacer mundos virtuales.

Él dice que el sorteo del entretenimiento interactivo es “permitir a la gente crear sus propios mundos […] como mirar hormigas desde arriba”.

Ahora Kosta dirige la firma de desarrollo de juegos 3G Studios Inc, una empresa que entrega más de $ 10 millones al año.

“Yo era un joven inteligente y rebelde, pero mis calificaciones y los registros de asistencia no eran los únicos indicadores de mi posible contribución a la sociedad”, dice. “En última instancia, la sociedad sufre como cuando somos miopes [pero] cuando se ve un poco más en lo profundo, como la gente hizo conmigo, somos capaces de conseguir que los niños se centren en su potencial.”

Su compañía también trabaja en estrecha colaboración con “jóvenes con problemas”, mentoreando a los adolescentes para ayudarles a encontrar su manera de involucrarse porque “eso es algo que debo a las personas que me ayudaron”.

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